Los minutos comenzaron a pasar. El terrible y asqueroso discurso que Oliver me había obligado a aprender prácticamente me produjo náuseas, pero no tenía más opción que enfrentarlo. Después, cuando lograra salir de ahí con vida, ya veríamos qué consecuencias tendría lo que estaba a punto de ser transmitido.
Una muchacha que, en definitiva, no sabía absolutamente nada de maquillaje me preparó lo mejor que pudo, cubriendo mis ojeras y también un par de moretones que tenía en la cara que ni siquier