Habían pasado un par de semanas desde mi llegada a Sanaris, y las cosas se habían tornado mucho más tensas de lo que yo podría llegar a imaginar. Mi hermano Oliver no se había tomado para nada bien que al fin decidiera tomar el cargo de la compañía.
Una mañana me confrontó cuando estaba haciendo posesión de una de las oficinas.
—No me parece —me dijo con rabia.
Podía sentir la impotencia en su voz.
—Mientras tú jugabas al esposo perfecto en una venganza que no te importaba sino a ti, yo me hice