La contracción terminó abruptamente. Entonces logré respirar. Ni siquiera me había dado cuenta de que había contenido la respiración hasta que los pulmones lograron llenarse de aire.
—Lo siento —le dije al hombre.
—Claro que no. ¿Por qué pides disculpas por eso? No es tu culpa, solo va a nacer tu bebé. ¿Pero estás bien?
Pensé que la pregunta era una redundancia, pero lo cierto es que no. Creo que no.
—No —le dije—. La primera contracción fue muy dolorosa. Se supone que las contracciones van asc