Tal como Cristian había dicho, el pasillo era largo, parecía prácticamente interminable, como si fuese un túnel principal y todos los demás terminaran conectados en él. Avanzamos con dificultad, esperando atentos el momento en el que nos atrapara.
Y entonces, cuando menos lo imaginamos, una fuerte alarma estridente resonó alrededor. Tuve que cubrirme los oídos para que el sonido no me lastimara y Cristian señaló adelante para que pudiéramos.
—Tiene que ser por nosotros —dijo—. Corran, así creer