Alexander
El mar se extendía infinito frente a nosotros, una superficie oscura e inquietante que reflejaba la luz tenue de la luna. Me encontraba de pie en el muelle, con los brazos cruzados, observando las embarcaciones mientras los hombres terminaban de cargar la mercancía. Deán estaba a mi lado, junto a otros dos hombres, asegurándose de que cada caja estuviera en su lugar y bien cubierta.
La entrega se llevaría a cabo en menos de seis a siete horas, y aunque todo parecía marchar según lo pl