Bianca
El sol de la tarde iluminaba el jardín con una calidez engañosa. Mientras enfocaba la lente de mi cámara en las flores recién regadas, sentí una presencia acercándose. Giré levemente la cabeza y noté a un guardia caminando hacia mí con una expresión imperturbable. Sin decir palabra, me extendió un pequeño papel doblado y luego se alejó sin esperar respuesta.
Fruncí el ceño y lo desplegué con dedos temblorosos. Habi una dirección escrita, observé a todos lados y no había nadie, contuve