Bianca
Nuestra noche de bodas fue mágica. Alexander me trajo a una pequeña ciudad con el encanto de una isla, donde los volcanes se alzaban imponentes en el horizonte, rodeados de cerros y pinos que parecían danzar con la brisa. Un majestuoso árbol de Cortés, con sus hojas amarillentas, resaltaba entre el paisaje como un cuadro dorado en medio de la naturaleza.
La cabaña donde nos hospedaríamos era hermosa, acogedora, con grandes ventanales que dejaban entrar la luz tenue del atardecer. Me do