Bianca
Estábamos sentados en la clínica, esperando nuestro turno para ser atendidos por la ginecóloga. Alexander no paraba de mover los pies de un lado a otro, su nerviosismo era evidente. Fruncí el ceño al notar su inquietud. Varias mujeres en la sala de espera nos miraban de reojo; algunas estaban solas, otras con sus parejas. No entendía bien qué llamaba tanto la atención, hasta que lo miré a él y lo comprendí. Alexander era increíblemente guapo, su presencia imponía. Los tatuajes en sus bra