Capítulo 6: Embriagado de su aroma.

Narra Arien:

El dolor entre mis piernas me hacía sonreír, aquella mujer era mucho más imponente de lo que yo me había imaginado. Por supuesto, como todos los lobos conocía muy bien la leyenda de la mestiza que vivía oculta en las montañas nevadas de Rumania, donde anteriormente existieron los pueblos de los humanos cazadores antes de desaparecer por completo; la habían dejado abandonada a su suerte por la deshonra que su nacimiento representaba para aquellos seres supuestamente perfectos.

Ithiliel Roux, la mestiza inmortal mitad loba, mitad humana.

Se decía que de su vientre podrían nacer cachorros poderosos, con la belleza de los humanos cazadores, su poder mágico, y la imponente fuerza de un lobo Alfa, por ello era codiciada entre todas las manadas, quienes se habían gastado vidas y recursos intentando encontrarla, pero nadie lo había logrado hasta que apareció ese miserable de Gabriel Baileyi, afirmando haber capturado a la mestiza y haberla marcado como su propiedad.

Sin embargo, se decía que el realmente nunca había sido capaz de consumar su vínculo, y que ella permanecía con su castidad intacta, por eso pasó a ser llamada la loba virgen.

Honestamente, yo realmente no esperaba encontrarla en medio de mi invasión a la manada Baileyi, tan solo, e igual que siempre buscaba acabar con mi aburrimiento. Pero al mirarla frente a mí, con su espalda sangrando como si fuese un par de alas rotas, y aquel vestido blanco manchado de su sangre, no pude evitar sentir su delicado aroma y desear tenerla con todas mis fuerzas. Quizás, maldición de la belleza sobrenatural.

Regresando a sentarme, sonreí para mí mismo, iba a costarme lograr que esa hembra de carácter férreo y de fuerza descomunal, se sometiera por su propia voluntad hacia mí, pero el juego que eso me representaba, me seducía como nada más lo había hecho. Sin embargo, no puedo tan solo ignorar algo más…esa mujer no es solo la fiera que aparenta ser…la vi guardando silencio en un intento por proteger a las mujeres y a los niños de la manada Baileyi, la acabo de ver defendiendo a la joven sirvienta que le he asignado y a quien acaba de conocer, y no puedo decir que no siento curiosidad por ello.

Agitando mi campana, llamé a mi beta, y cuando lo vi entrar a mi despacho, ya sabía que era lo siguiente por hacer.

—¿Qué desea? Mi señor. — me cuestionó Milán que atendió rápido a mi llamado.

—Primero, quiero el informe sobre la manada Baileyi, ¿Cuántos capturamos?, ¿Cómo ha quedado el territorio después de mi invasión?, ¿El Alfa Gabriel ha marcado ya a esa otra loba como su luna? — cuestioné.

Mi beta negó.

—Según lo que pudimos averiguar, la loba Faela está esperando un cachorro del Alfa Gabriel, y todo parece indicar que si fue marcada, además, antes de nuestra llegada, esa loba había ordenado los azotes sobre el cuerpo de la señora Ithiliel, por ello cuando usted la encontró, estaba en ese estado, el alfa y su nueva luna escaparon hacia las tierras de los Dupont, en donde tienen alianzas, el Alfa Gastón los ha recibido allí junto a sus mujeres y sus niños, como usted ordena en cada ataque, no se tocaron a los vulnerables, así que la manada podrá reconstruirse sin problemas como siempre, sin embargo, entre los hombres lobo capturados para su entretenimiento, estaban los lobos que golpearon a la señora Ithiliel, y los hemos apartado de los otros. El territorio de los Baileyi está listo para tomarlo y enviar lobos a labrar sus tierras en cuanto usted lo ordene. — respondió Milán.

El resultado de mi juego, como siempre, fue satisfactorio, pero ese extra que había conseguido, me dio una idea que Ithiliel tenía que adorar.

—Haz los preparativos, quiero que compres los vestidos más lujosos que encuentres en el mundo humano, perfumes, joyas, todas esas cosas ridículas que les gustan a las mujeres…y también, prepara a los lobos que capturé de la manada Baileyi, los que me has dicho que golpearon a Ithiliel, le prepararé a esa mestiza un obsequio que no va a poder rechazar. — ordené.

Tan rápido como el viento previo a una tormenta, vi como Milán desapareció de mi vista. Mientras tanto, no dejaría que esa mujer se me escapara tan fácil después de golpearme en mis partes como había hecho.

Caminando hacia sus aposentos, la escuché hablando con Atka sobre mí, y la curiosidad me invadió.

—El señor no es tan malo como usted piensa, en realidad, muchos de nosotros no teníamos ningún lugar a donde ir, hasta que el señor nos acogió dentro de su manada, quizás podría intentar darle una oportunidad, vea por sí misma que él no es un hombre perverso. — le decía Atka a esa mujer caprichosa.

—Ni soñarlo, no me gustan los hombres que siempre buscan probar que son los más fuertes, en realidad, me parece patético, yo no me voy a convertir en el juego de un sádico, yo no soy una máquina para tener hijos, ni tampoco soy el payaso personal de un lobo aburrido de sí mismo, en cuanto me recupere, me largaré de aquí para regresar a mi territorio, la soledad es lo mejor, nadie me molesta, nadie me hace daño…ni nadie busca marcarme como si fuera un objeto sin voluntad propia. — dijo Ithiliel con algo de dolor que logré percibir.

Aquellas palabras me detuvieron en seco antes de que me acercara a abrir la puerta de golpe. Era verdad, como todos los Alfas, sabía bien el propósito que todos tenían al encontrar a la mestiza, y durante un segundo un pequeño sentimiento de culpa me invadió, sin embargo, me lo sacudí tan pronto como pude. Abriendo la puerta de par en par, miré a Ithiliel bebiendo una copa de vino después de haber terminado la cena que había ordenado preparar especialmente para ella…pues entre todos aquellos rumores sobre la Luna virgen, había escuchado que amaba comer pollo asado.

Atka se había puesto de pie haciendo una reverencia, mientras que Ithiliel permaneció en su sitio inamovible, mirándome con aquellos ojos violetas que parecían atravesarme como dagas directo el corazón. Al estar acostumbrado a recibir respeto, me sentí irritado al ver que esa mujer no estaba dispuesta a dar su brazo a torcer.

Era tan bella como una mariposa, aunque tenía sus alas rotas; una muñeca de porcelana fría, una princesa sin un príncipe, una doncella pura que irradiaba soledad y frialdad por cada poro de su blanquecina piel de nieve que contrastaba con la mía.

Sin pensarlo demasiado, me acerqué hasta ella y tomé entre mis manos uno de aquellos mechones de su larga cabellera rubia, casi blanca, y el aroma que de ella emanaba, me adormecía los sentidos haciéndome desearla más.

—Dulce mariposa con sus alas rotas, ¿En donde es que quieres esconderte? Aun cuando vueles lejos de mí, siempre voy a encontrarte, porque he decidido que me perteneces… — le dije a Ithiliel, y embriagado por la dulzura de su aroma. Besé sus tersos labios nuevamente.

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Yubel Writeresta bien escrita
Gabriela GHhay me gusta, que este escrito en primera persona también me gusta mucho
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