Capítulo 4: El secuestro de la Luna.

Los gritos de guerra habían cesado, pero mi cabeza me daba vueltas, y la sentía como a punto de estallar. ¿Qué era lo que había pasado? Me cuestioné cuando mis ojos se abrieron y miraron aquel techo alto y blanco que tenía encima.

—Por fin ha despertado, mi señora. —

Escuché a una voz femenina diciéndome aquello, y mirando a mi costado, vi a una bonita y muy joven mujer sentada a mi lado, como si hubiese estado esperando durante mucho tiempo que yo despertara.

—¿Quién eres?, ¿En dónde estoy?, ¿En dónde está Gabriel? — cuestioné poniéndome a la defensiva.

Aquella joven tan solo me sonrió.

—Soy Atka, he cumplido mis quince primaveras y sufrido mi primera luna roja, el Alfa Arien me ha designado a mi como su dama de compañía, pero las otras dos respuestas a sus preguntas, quizás es mejor que se las responda mi señor en persona. — me respondió aquella jovencita.

Miré todo a mi alrededor. Estaba en una habitación enorme y mucho más grande y lujosa de la que había tenido hasta el día en que Gabriel me relevó como su luna, el aire olía diferente; como a pasto fresco recién podado y a nieve de las montañas. Ahora estaba segura, yo ya no estaba en los territorios de los Baileyi.

Levantándome abruptamente, sentí mis heridas doliendo.

—Por favor, señora, no debe de levantarse, las heridas de su espalda son profundas, apenas pudimos cocerlas y aunque parecen estar regenerándose bien, tardarán varias semanas en sanar por completo, a mi señor no va a gustarle que lo desobedezca. — dijo aquella jovencita visiblemente asustada.

—Me importa un carajo que tu señor se enoje. — respondí y salí de aquella enorme habitación.

Necesitaba respuestas, y ese Alfa Arien iba a dármelas, no iba a pasar de estar encerrada en una prisión para estar en otra.

El aroma peculiar de ese lobo me guio hasta donde se hallaban un par de enormes puertas de roble macizo, estaba segura, dentro de esa habitación se hallaba el Alfa, y sin golpear para avisar, tan solo abrí las puertas y miré a Arien que me miraba a cambio con una expresión estoica, como si no fuera una sorpresa para él, el mirarme allí.

—Señora no puede pasar, a nuestro señor no le gusta que lo interrumpan mientras atiende los asuntos de sus tierras. — dijo aquella joven dama de compañía que Arien me había “asignado”.

—¿Por qué me has traído aquí?, ¿Acaso pretendes encerrarme en tu jaula tal y como Gabriel me hizo? — cuestioné mirando desafiante a aquel Alfa.

—Atka, sal de aquí, la señora y yo tenemos mucho de qué hablar, luego hablaremos de tu castigo. — dijo Arien dando una mirada furiosa a la jovencita a mi lado que pareció reducirse a la nada debido al miedo.

Aquello tan solo me hizo enfurecer más.

—¿Qué castigo?, no harás pagar a una inocente joven de mis decisiones, si te sientes valiente, Alfa, desquita tu enojo conmigo, si es que puedes. — dije mirándolo a los ojos, sabiendo bien que mi fuerza real había regresado ahora que era libre de aquella marca que Gabriel me había hecho.

En ese momento, el Alfa Arien se rio, y levantándose desde detrás de su escritorio, caminó hacia a mí, con una arrogancia que me hizo hervir las entrañas.

—Vete, Atka, la señora ha decidido tomar tu castigo para sí misma, así que estas perdonada. Déjanos solos. — ordenó el Alfa.

La mano de aquella joven, se aferró a la mía como diciéndome que no quería que tomara aquel castigo por ella, sin embargo, girándome hacia ella le acaricié el cabello, haciéndole saber que todo iba a estar bien.

—Obedece a tu señor y deja que yo me encargue de enseñarle su lugar. — respondí con autoridad.

En ese momento, aquella joven salió de allí al sentir la fuerza de mi presencia, y el Alfa Arien sonrió.

—Así que, ¿Vas a enseñarme mi lugar?, pues mientras ese lugar sea entre tus piernas, mariposa, con gusto me dejaré someter. — dijo Arien con arrogancia, avanzando hacia a mí con intención de encajonarme como había hecho en las tierras de Gabriel, sin embargo, lo abofetee en el acto obligándolo a detenerse.

—Tu fama te precede, Alfa Arien, todos te temen pues tu fuerza es superior a la de cualquier lobo, pero no debes de olvidar que yo no soy solamente una loba, también soy una humana, y no voy a convertirme en el trofeo de alguien como tú, que disfruta de sus matanzas como si fuese un animal salvaje. — dije con firmeza.

El Alfa Arien se tocó la mejilla, y mostrándome una sonrisa maliciosa, se abalanzó sobre mí para tomarme por la cintura y arrinconarme contra la pared.

—Tienes razón, mariposa, no eres una loba común, eso sería demasiado aburrido para mí, en cambio, eres un desafío, un hermoso desafío al que voy a disfrutar el someter a mi voluntad, ¿No vas agradecerme por ayudarte a liberarte del vínculo al que el Alfa Gabriel te sometió?, de acuerdo, no lo agradezcas, pero no abandonarás estas tierras, conozco muy bien la debilidad de la otra mitad de tu sangre, y me he encargado de que no puedas salir de aquí. —

Aquellas palabras dichas por el Alfa Arien me estremecieron, sentía el aroma del hierro mezclándose con el aire, y aunque no me dañaba al mismo nivel que a los humanos cazadores normales, en mi débil estado, aunque quisiera, no podría atravesar las barreras de aquella prisión que aquel Alfa había hecho para mí. Mirándolo directamente a los ojos, sonreí.

—Entonces es lo que has decidido, vas a marcarme como a una vaca tal cual lo hizo Gabriel sin darme la oportunidad de defenderme, ¿Ese es el valor de los Alfas?, cuando una hembra decide no someterse, entonces la tomarán por la fuerza para ver cumplidos sus caprichos, conozco bien tu ley, lobo, no vas a parar hasta someterme. — dije arrastrando rencor en mis palabras.

Arien me dio una mirada seria, muy diferente a todas las que había visto reflejarse en sus ojos, como si mis palabras lo hubiesen ofendido en lo más profundo.

—Yo no soy como ese cobarde de Gabriel, jamás tomaría a una hembra para marcarla por la fuerza, no soy una bestia, yo disfruto mucho más el seducir a la dama que me gusta, disfruto de ver como su orgullo poco a poco se va perdiendo ante mi encanto y mi seducción, así que no te preocupes, mariposa, yo no voy a entrar a tus aposentos como un vil y asqueroso ladrón para morderte el cuello y marcarte mientras estas vulnerable, yo quiero que pelees, quiero que te resistas todo lo que puedas a mí, porque solo así disfruto de mis victorias, por ello es que jamás ataco a manadas vulnerables, solo a las fuertes que pueden darme batalla. — respondió aquel imponente Alfa que se apretó contra mí, dejándome sentir su enorme miembro sobre mi vientre.

Aquellas palabras me habían tomado por sorpresa, pues sabiendo bien que había permanecido inconsciente durante algún tiempo desconocido, aquel imponente hombre que me aplastaba contra la pared, pudo haberme marcado en contra de mi voluntad, sin embargo, no lo había hecho.

—Así que esto es un juego para ti, Alfa Arien, por eso es que no me has marcado. — respondí intentando sacarme a ese miserable de encima.

Mostrándome una sonrisa maliciosa, aquel maldito no me permitió alejarlo.

—Oh, no te confundas, mi mariposa de alas rotas, habrá una marca sobre tu cuello gritándole al mundo que eres de mi propiedad, pero serás tú misma quien me suplique que te marque, de eso, no tengo ninguna duda. — me respondió como si aquella respuesta fuese la verdad absoluta.

Furiosa, lo golpeé en sus partes nobles, y salí de ese lugar sin mirar atrás, a mi nadie iba a someterme por mi propia voluntad, me lo prometí a mí misma.

—Vas a ser mía, eso, me lo prometo. — escuché como el Alfa Arien me gritaba aquello mientras yo seguía avanzando.

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