Capítulo 2: La mariposa de alas rotas.

Aquella respuesta que Gabriel me dio, ya la esperaba. Si, yo era la llamada loba virgen, porque ningún lobo ni humano me había podido robar mi virginidad.

—No puedes hacerme esto, no estoy dispuesta a aceptar que tengas un hijo con otra loba, así que, libérame de esta vergüenza. — demandé.

—Déjala irse, cariño, Ithiliel no es una loba nacida dentro de nuestra manada, y su origen deshonroso, solo traerá desgracias para los nuestros. Si realmente me amas como me dijiste anoche, si realmente quieres que tu cachorro, tu heredero, nazca bien, tienes que expulsarla. — reprochó Faela mirándome con odio. — Como la nueva luna, demando un castigo para Ithiliel…demando que sea azotada ciento cincuenta veces en la espalda y en las piernas, y que sea llevada a los límites de nuestras tierras como demanda la ley. — exigió.

En ese momento, dos de los lobos más fuertes de la manada, me tomaron por ambos brazos, y me sometieron delante de Faela quien me miraba con arrogancia. Yo sabía que no podía impedir lo que estaba a punto de venir, pues, aunque mi fuerza era grande, mientras esa maldita marca estuviese en mi cuello, mi poder no era el mismo; tan solo me servía para repeler a Gabriel y mantener mi castidad intacta.

Otro lobo más se acercó con un látigo, y cuando el primer azote llegó, sentí como la piel de mi espalda se abrió como el botón de una rosa y la sangre comenzó a emanar debido a la fuerza. Al primer golpe, le siguieron veinte más, pero me negué a llorar mientras miraba como Gabriel, el mismo miserable que se negaba a dejarme ir, se quedaba en silencio.

La sonrisa triunfal de Faela me hizo hervir la sangre, y el silencio de Gabriel, me hizo odiarlo más, en aquella sala tan solo se escuchaban las risitas para nada discretas de Faela, y las de los demás lobos que parecían disfrutar mucho con mi dolor.

El verdugo alzó su látigo una vez más para golpearme, y cuando Gabriel estaba a punto de protestar, un poderoso estruendo resonó en lo profundo de las tierras de la manada Baileyi, haciendo que la atención de todos se dispersara.

—¿Qué ha sido eso? —

Cuestionó Faela abrazándose de Gabriel, y en ese momento, un lobo joven entraba al salón en donde me estaban torturando.

—¡Señor!, ¡Es el Alfa Arien!, ¡La manada Solarion ha entrado a atacar nuestro territorio! — gritó aquel muchacho.

Un silencio sepulcral le había seguido a aquella advertencia. Todos lo sabíamos, cuando el Alfa Arien decidía atacar a una manada, no se detenía hasta que su sed de sangre se saciara. Aquel era el lobo más poderoso…y el más temido entre los licántropos.

—¡Todos tomen sus armas!, ¡Mujeres y niños en el valle de los lirios hacia nuestro refugio! —

Gritó Gabriel, y en ese momento todos corrieron buscando pelear y escapar, y mi Alfa, como el cobarde que era, en ese momento tomó a Faela, dejándome a mi sobre el suelo en medio de un charco de mi sangre.

Repentinamente, como si un cielo ardiente nos hubiera caído encima, todo se había convertido en un caos. Escuchaba los gritos de batalla, las espadas chocando y los disparos mordiendo vorazmente el viento, nos estaban invadiendo, el temido Alfa había decidido tomar el territorio de la manada Baileyi.

La marca en mi cuello palpitaba dolorosamente, como si estuviese a punto de estallar, yo era la luna marcada del Alfa Gabriel, pero el, me había abandonado a mi suerte para salvar la vida de Faela y su cachorro…aquel, era el acto de traición más grande que existía en un vínculo de lobos, y aquella marca estaba desapareciendo.

Sonreí para mis adentros, aquel asalto a las tierras del maldito que me capturó, me estaba liberando del vínculo que nunca deseé tener, y tomando fuerzas desde el dolor, me levanté en medio de aquel caos con mi blanco vestido manchado de sangre, y corrí con todas mis fuerzas hacia mi libertad…mi añorada libertad.

Esta vez, elegiría mi propio destino, lejos de la imposición de aquel miserable. Yo, la luna virgen, me revelaba de todo lo que habían impuesto.

Mis piernas se sentían ligeras, y como si un par de alas me hubiesen brotado desde la sangre de mi espalda, sentí volar en medio del viento y de la violencia de aquella batalla. Sin embargo, cuando finalmente llegué a los límites de las tierras Baileyi, la imponente figura de un hombre demasiado alto y fornido, me hizo frenar mis pasos en seco.

—¿Pero que tenemos aquí?, una hermosa mariposa con las alas rotas que ha llegado volando hasta mí. —

La voz cavernosa de aquel imponente hombre, me hizo temblar ligeramente, mientras sus ojos dorados me escudriñaban como si fuésemos un lobo y una presa.

Aquel frente a mí, era el Alfa Arien.

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Yubel Writery ese alfa sera malvado también?
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