Capítulo 10: Tiene que ser mía.
Narra Gabriel:
Desperté repentinamente con el corazón doliéndome terriblemente.
Abriendo los ojos, tan solo vi a la oscuridad rodeándome, y sentí los brazos de Faela aferrándose a mi cuerpo desnudo, estaba dormida profundamente.
Durante un momento pude escuchar la voz de Ithiliel maldiciéndome en mis sueños, y el dolor que me recorría las venas, tan solo me hizo sonreír. Lo que sea que hubiese hecho aquella vieja bruja de aliento apestoso, había funcionado, y el vínculo lo pude sentir tan fuerte como el primer día.
El dolor del vínculo estaba presente, y supe que ella también estaba sufriendo. No importaba que el Alfa Arien la hubiese apartado de mi lado, nuestra unión aun existía, y eso, por más que aquel maldito lo intentara, no podría romperlo, si el deseaba marcarla como su Luna, no iba a poder hacerlo mientras ella siguiera amarrada a mi voluntad, y tampoco podría intentar asesinarme, pues si se atrevía, Ithiliel también moriría para seguirme, así era la ley del lobo.
La loba tan