Cuando el ascensor se detuvo, un leve sonido anunció la apertura de las puertas. María fue la primera en salir. Caminó con paso seguro por el amplio pasillo del piso treinta y cuatro, mientras Dalia y César la seguían en silencio, observando cada detalle: las paredes de cristal, el movimiento contenido de la oficina, el murmullo lejano de teclados y voces bajas.
Dalia avanzaba despacio, como si cada paso pesara más que el anterior.
Al final del pasillo, la mesa de Daniela estaba perfectament