Cuatro meses después.
El juicio se llevó a cabo en una sala amplia, fría, donde el aire parecía más pesado de lo normal. Daniela estaba sentada junto a Thomas en la segunda fila, con las manos entrelazadas sobre su regazo. No miraba al frente; su vista permanecía fija en un punto invisible, como si revivir cada segundo de aquella noche pudiera romperla otra vez.
Rosalba entró escoltada por dos oficiales. Ya no era la mujer altiva de antes. Su cabello estaba opaco, recogido sin cuidado, y su mirada iba de un lado a otro, inquieta, descompuesta. Cuando vio a Thomas, sus ojos se iluminaron por un segundo… pero él no la miró.
El juez tomó la palabra. La voz grave resonó en la sala mientras se enumeraban los cargos: intento de homicidio, allanamiento de morada, agresión agravada.
El fiscal se puso de pie y comenzó a relatar los hechos con precisión quirúrgica. Describió cómo Rosalba había irrumpido en el apartamento de Daniela en la madrugada, cómo había puesto sus manos alrededor de su cu