El despacho estaba lleno de luz. Sobre el escritorio de Thomas, la pantalla del computador mostraba la portada de una revista internacional: Daniela, con el vientre ya redondeado, una mano apoyada sobre él y la otra relajada a un costado, el rostro sereno, los ojos luminosos. No había poses forzadas ni sonrisas ensayadas. Era una imagen limpia, poderosa y profundamente humana.
—El evento fue todo un éxito —decía Laura con algarabía, inclinándose para ver mejor la pantalla—. Es increíble cómo la