Dos meses después
La mañana amaneció clara, luminosa, como si incluso el cielo hubiera decidido ponerse de su lado. El jardín donde todo había comenzado volvía a abrirse para ellos, transformado ahora en el escenario de algo definitivo. No había cámaras, ni periodistas, ni titulares esperando afuera. Solo personas elegidas con cuidado. Familia. Amor. Verdad.
Daniela estaba de pie frente al espejo, respirando hondo. Su vientre ya estaba grande, redondo, evidente bajo el vestido blanco que caía suave, sin corsé ni rigidez, diseñado para abrazar su cuerpo y no para ocultarlo. Una mano descansaba sobre su panza; la otra temblaba apenas.
—Tranquila —dijo Laura desde atrás, acomodándole con delicadeza el velo corto—. Nunca te he visto tan hermosa.
Daniela sonrió, emocionada.
—Tengo miedo de tropezar —confesó—. O de llorar antes de llegar.
—Si lloras, lloramos todos —respondió Laura—. Y si tropiezas… —sonrió— Thomas se va a reír primero y luego te va a cargar si hace falta.
Daniela soltó una