Cuando, Valentina terminó su jornada de trabajo en la biblioteca municipal , salió al atardecer, y para su sorpresa, un Ferrari rojo reluciente esperaba en la acera, con Kaiser al volante. Él llevaba lentes de sol que ocultaban sus ojos carmesí, una chaqueta negra ajustada que acentuaba sus hombros anchos, botas militares que le daban un aire rudo y depredador, y una envidiable sonrisa arrogante en sus labios pálidos que provocaba que todas las mujeres que pasaban alrededor lo miraran con deseo