El sol apenas comenzaba a filtrarse entre los árboles cuando la vigilancia nocturna llegó a su fin. La niebla matinal cubría el territorio de la manada como un manto espeso, silenciando los sonidos del bosque. Kaiser avanzaba por el sendero que conducía a la cabaña principal de vampiros acompañado por Kian y Nisha. Sus pasos eran tranquilos, medidos, pero su mente estaba lejos de aquel lugar.
Al llegar, Kaiser se detuvo y giró ligeramente el rostro hacia Kian.
—Ve a mi estudio —ordenó con voz