C136: Todo termino, mi reina.
Los disparos no cesaban.
Eran secos, precisos, calculados. No sonaban como un ataque desesperado, sino como una cacería organizada. El eco rebotaba entre la vegetación de la isla privada, mezclándose con el rugido del mar y los gritos ahogados de combate. La luna de miel había terminado.
Kaiser no necesitó preguntar cuántos eran.
Los escuchó.
Latidos de corazones humanos, latiendo con fuerza, adrenalina y odio. Tres pulsos irregulares que rompían la armonía de la isla como una tormenta. Tom