GIULIA
El sonido de la música llegaba hasta la cocina como un martilleo constante, un recordatorio de que ahí afuera había un espectáculo que no me interesaba presenciar. El olor a alcohol y perfume caro se filtraba por cada rincón de la casa, incluso en este espacio que yo había tratado de mantener mío.
Pasé un trapo húmedo por la mesa, asegurándome de que no quedara ni una mancha, y luego me lavé las manos en el fregadero. Me quité el delantal y lo colgué en su lugar. Esa mínima libertad —ya