CAPÍTULO 40

GIULIA

Caí al suelo con el corazón en un puño, jadeando, con el cabello desordenado y los brazos adoloridos por la pelea. Frente a mí, el arma yacía en el piso. Mis ojos se abrieron de par en par cuando escuché la voz grave de Dante resonar como un trueno.

—¡QUIERO PAZ Y QUIETUD!

El silencio fue inmediato. Apenas podía respirar. Y entonces lo vi con claridad: no había sido Claudia, ni yo, ni Fiorella… había sido el arma de Dante la que se disparó.

La puerta se abrió de golpe y Marco y Riccardo
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