DANTE
El humo de mi puro se mezclaba con la música decadente y las risas falsas del salón. Mis ojos no se apartaban de Giulia. Primero la vi con Riccardo, y ya eso era suficiente para que mi sangre hirviera… pero lo que ocurrió después me rompió la calma en pedazos. De un momento a otro estaba bailando con Ian.
Mi maldito primo.
Sentí cómo el corazón en mi pecho —ese corazón que no era mío, que pertenecía a Luca Dell’Orso— se agitaba de una manera violenta. A veces pensaba que tal vez Luca la h