Mundo ficciónIniciar sesiónAmeline Brooks era una chica sin hogar debido a un pasado doloroso, pero ella tenía sus trucos para dormir cómoda: colarse en hoteles. Y a veces en hoteles de lujo. Pero nunca habría esperado que en una de tantas noches se toparía con el hombre perfecto: guapo, rico y muy interesado en ella. Él la cree una prostituta de lujo y le ofrece mucho dinero, y Ameline hace lo impensable: se entrega a él. A la mañana siguiente, como lo cree un millonario ingenuo, decide robarle dinero, joyas y un reloj, sin saber dónde se metía, sin saber quién era él: Seth Rinaldi, el joven líder de la mafia más poderosa de la ciudad. Seth se sintió cautivado por Ameline, pero lo único que no podía perdonarle era que le hubiera robado su reloj, su mayor tesoro por ser el recuerdo de una persona importante, y por eso moviliza a todos sus hombres para encontrarla y así la secuestra con la intención de recuperar su tesoro. Sin embargo, las cosas no serán tan sencillas, a Ameline le robaron el reloj, y al no creerle Seth empieza a maltratarla y hacerla vivir un infierno... sin saber que ella está embarazada de su bebé. Cuando descubra el embarazo, Seth hará todo para que Ameline lo perdone, pero ya será demasiado tarde... ¿o no? ¿Acaso podría existir una pequeña oportunidad de que ella pudiera perdonarlo? Seth hará todo para ser perdonado, pero Ameline nunca olvidara el infierno que la hizo vivir por su desconfianza. ¿Acaso podrían alguna vez juntar las piezas rotas de su oscura historia de amor y convertirse en la familia que su bebé necesitaba?
Leer másAmeline suspiró contenta mientras esperaba en una banca del parque a que se hiciera la hora para ir a reunirse con sus amigas en una cafetería a pocos metros de su banca. Ya había pasado casi un mes desde que Laura les dijo de su embarazo y que tomó la decisión de decirle a Claus, y resultaba ser que Claus estaba tratando de reconquistar a Laura, pidiéndole insistentemente que se casara con él. Ameline estaba intentando mantenerse al tanto de todo para saber si acaso podía obtener una pista del paradero de Bianca, pero hasta el momento por mensaje no tuvo suerte, así que tomó valor y aceptó reunirse con sus amigas para intentar averiguar más. O bueno… eso en parte, pero la otra razón era que Prissy también había reaparecido en el grupo de chat, y acordó ir a la reunión también. “Esta es la última vez”, se dijo Ameline, suspirando mientras acariciaba su vientre, donde sentía las pataditas de su niña, un poco más fuertes ya, ya que estaba a solo un mes de nacer. “Esta es la últi
Era un día nublado, el cielo gris cubriendo la ciudad como una sábana sucia. Bianca estaba encerrada en su departamento aun más deprimente que el clima, un lugar pequeño y discreto que Claus había conseguido para mantenerla oculta de los Rinaldi, que era bastante lujoso para algunos, pero para Bianca era un basurero. Bianca caminaba de un lado a otro, el celular apretado en la mano, maldiciendo entre dientes. —Froggs, maldito inútil —siseó, mirando a su celular—. En vez de ayudarme, se esconde como rata. Había intentado contactarlo toda la mañana, pero él no respondía, seguramente seguía ocupado escondiéndose en vez de planear como sacarla de la ciudad. De repente, el sonido de la puerta la hizo girar, una sonrisa calculada formándose en su rostro. Corrió a abrir, esperando que Claus hubiera vuelto para decirle que la llevaría a su casa al fin. Debía estar a punto de quebrarse, de ser suyo otra vez. “Siempre vuelve. Siempre lo hace” pensó, enderezando los hombros, lista para jug
En la tarde del día siguiente, Ameline y Nataniel llegaron a la entrada de la mansión con sus maletas, listos para partir. "Por fin seremos libres... Esto realmente está pasando, pero... no me siento feliz..." Ameline miró al pasillo principal, preguntándose si Seth aparecería con instrucciones finales o si Prissy vendría a despedirse. Sabía que Nataniel esperaba a Prissy; él desviaba la mirada al pasillo cada pocos segundos, buscando por ella... Pero el vestíbulo permaneció vacío, nadie llegaba. Nataniel cambió el peso de una pierna a otra, apretando y soltando la manija de su maleta, como si no supiera qué hacer con las manos.De repente, Tucker apareció desde el pasillo, con pasos firmes y rostro serio. Tenía un juego de llaves en una mano, un sobre grueso y una carpeta negra en la otra. Se detuvo frente a ellos, su mirada pasando de Ameline a Nataniel con una neutralidad que no invitaba a preguntas.—Tengo las llaves de su casa nueva —dijo, con voz clara, profesional, sin tit
El silencio de la mansión era opresivo, los resultados de la prueba de paternidad fueron entregados, y ya todos creían que Seth no era el padre del bebé de Ameline. Y Ameline… estaba en su habitación, con su corazón latiendo con una mezcla de alivio y culpa que la desgarraba. “Lo logré. Ahora todos creen que Nataniel es el padre, según los papeles. Estamos a un paso de la libertad” pensó, pero la victoria era amarga. Todavía tenía que enfrentar a Seth… La imagen de Seth la perseguía. Sabía que tenía que enfrentarlo, que no podía seguir escondiéndose, no podía acobardarse ahora. ¿Estaría muy enfadado? ¿O estaría… triste?... No sabía qué la hacía sentir peor… “No puedo seguir evitando esto. Tengo que hablar con él” pensó, respirando hondo, sus manos temblando mientras se levantaba de la cama y salía con pasos decididos. Caminó por los pasillos de la mansión, con el corazón latiendo tan fuerte que temía que alguien lo oyera. La oficina de Seth estaba un piso más arriba, al fin
Una semana después, el miércoles por la mañana, Seth estaba solo en su oficina, el aire cargado de una tensión que parecía apretar las paredes. Los mapas y documentos sobre Bianca y Froggs seguían apilados en su escritorio, pero no podía concentrarse en ellos. Sus pasos resonaban en el suelo mientras daba vueltas, sus manos apretadas en puños, su mirada fija en el sobre blanco que el Dr. Porterk había dejado minutos antes, cuando vino a la mansión para entregar los resultados de la prueba de paternidad en persona. El sobre, con el sello de la Clínica Lockhart, descansaba en el centro del escritorio, como una sentencia esperando ser pronunciada. “Esto es todo. La verdad está ahí dentro” pensó, su corazón latiendo con una fuerza que le dolía en el pecho. Quería abrirlo, necesitaba saber, pero el miedo lo paralizaba. “¿Y si no es mío? ¿Y si todo este tiempo estuve equivocado?” pensó, su mente dando vueltas entre la esperanza de que Ameline mintiera y el terror de que estuviera diciendo
El jueves al mediodía, en el restaurante La Perla, un establecimiento lujoso en el corazón de la ciudad, Emma entró con paso discreto, mirando a los alrededores. Escaneó el lugar hasta que vio a Mindy, sentada en una mesa apartada junto a una ventana con vistas a la ciudad. Mindy, con un vestido rojo ajustado que resaltaba su figura, revisaba su celular con una expresión de impaciencia, su corto cabello perfectamente peinado cayendo justo sobre sus hombros. Emma se acercó, inclinando la cabeza ligeramente. —Joven ama —dijo Emma, su voz baja y respetuosa, mientras tomaba asiento frente a Mindy.Mindy alzó la mirada, sus labios pintados de un rojo intenso curvándose en una sonrisa fría. —Emma, puntual como siempre —dijo, dejando el celular en la mesa—. Nuestro invitado debe estar por llegar ya.Emma asintió, acomodándose en la silla, sus manos entrelazadas en su regazo. “Siempre tan exigente. Pero eso es lo que la hace perfecta” pensó, admirando la confianza de Mindy, su capacidad
Último capítulo