Era un día nublado, el cielo gris cubriendo la ciudad como una sábana sucia. Bianca estaba encerrada en su departamento aun más deprimente que el clima, un lugar pequeño y discreto que Claus había conseguido para mantenerla oculta de los Rinaldi, que era bastante lujoso para algunos, pero para Bianca era un basurero.
Bianca caminaba de un lado a otro, el celular apretado en la mano, maldiciendo entre dientes.
—Froggs, maldito inútil —siseó, mirando a su celular—. En vez de ayudarme, se escond