Ameline despertó sobresaltada al escuchar pasos acercándose a su celda, y se sentó rápidamente justo a tiempo para ver a Seth apoyarse contra los barrotes, mirándola con esos ojos serios e intrigantes que nunca delataban sus pensamientos.
—Tu cara sigue bastante inflamada… —murmuró él con voz baja.
—Sí, eso es lo que pasa cuando mandas a tu mastodonte a golpearme —dijo ella con rabia.
—Ya te dije que yo no quería que él te lastime.
—Y debo creerte ¿no? Así como tú me crees cuando yo te digo