Seth estaba en su oficina, con las luces bajas proyectando sombras largas sobre los mapas y documentos esparcidos en su escritorio. El video de la cámara de seguridad del parque se repetía en la pantalla de su computadora, congelado en el momento exacto donde los hombres enmascarados jalaban a Ameline hacia la camioneta. Su mano temblaba ligeramente mientras pausaba y reproducía, pausaba y reproducía, cada vez sintiendo un nudo más y más apretado en el estómago.
“Ameline…” pensó, el miedo golp