Seth la besó con fuerza, con fiereza y pasión ardiente, queriendo demostrarle no solo que era capaz de complacerla, sino también que él la dominaba por completo, que la poseía y podía tenerla cuando quisiera.
El pensamiento la ofendió lo suficiente para tratar de empujarlo lejos de ella, pero él continuó aprisionándola en sus brazos, pegándola más contra la pared y haciéndola jadear al sentir lo excitado que estaba por ella.
Y Ameline no pudo evitar odiarse… porque su cuerpo traidor también