Cuando uno vive rodeado de silencios, aprende a escuchar las pequeñas vibraciones antes de que se conviertan en terremotos. Fafa soltó un hilo. No era la gran verdad, pero bastaba: tirando de esa hebra, se desenreda parte de la madeja.
Esa misma madrugada me senté en mi despacho mientras la ciudad aún bostezaba y dejé que el café caliente marcara el ritmo de mi pulso. Marco ya tenía sobre la mesa los resúmenes que esa hebra posibilitaba: nombres de contactos menores, transferencias discretas, u