Isabella
Me desperté porque el lado izquierdo de la cama estaba frío.
No fue inmediato. Al principio solo sentí el vacío, esa ausencia silenciosa que el cuerpo reconoce antes que la mente. Una fracción de segundo en la que todo parece normal, hasta que no lo es. Estiré la mano casi por reflejo, buscando su espalda, el peso tibio de su cuerpo, ese calor que se había vuelto una constante incómodamente reconfortante. Pero mis dedos solo rozaron las sábanas lisas, intactas.
Nada.
Abrí los ojos.
La