Isabella
Los días sin Alessandro fueron silenciosos, pero no vacíos.
Me acostumbré rápido a levantarme sola, a ocupar el espacio de la casa como si siempre hubiera sido mía. No lo extrañaba de una forma dramática; más bien lo sentía como una ausencia distante, como quien nota que falta un mueble en una habitación y decide no reemplazarlo todavía.
El primer día libre lo dediqué a mi madre.
El hospital estaba igual que siempre. Pasillos demasiado blancos, el olor constante a desinfectante y ese s