Mundo ficciónIniciar sesiónCameron Kuir IV, heredero al trono de Hiraeth, ha caído en una espiral de autodestrucción marcada por el alcohol y los excesos. Incapaces de ayudarlo, sus padres recurren a Colin Maier-Daft, un antiguo amigo de Cameron y actual Mayor de las Fuerzas Armadas, para intentar redirigir su vida. Colin, ahora distante y endurecido, acepta el desafío, aunque su relación con Cameron está marcada por heridas del pasado. Mientras tanto, una amenaza política se cierne sobre la monarquía: Gerolt Kuir, el hijo del fallecido Príncipe Jacob, movido por resentimientos familiares, busca abolir la corona en las próximas elecciones. En medio de tensiones personales y políticas, Cameron deberá enfrentarse a sus demonios internos, mientras Colin lucha por salvar no solo al Príncipe heredero, sino también el futuro de Hiraeth.
Leer másCAMERON
«La pasada noche, el Príncipe Cameron fue captado en una discoteca de la capital bien entrada la madrugada. En las imágenes se lo puede ver en muy mal estado y…».
De repente, el televisor se puso negro, y un ruido sordo me dijo que hoy no era un buen día para ser yo. ¡Ah, maldita sea!
—¡Cameron Arthur Kuir, ¿qué demonios estás haciendo con tu vida?!
La voz de mi padre resonó con una ira contenida que podría decir que conocía muy bien, pero a la que no terminaba de acostumbrarme.
Demonios, me estaba llamando por mi nombre completo. Solo me llamaba así cuando estaba muy molesto.
Maldita sea…
Me dolía la cabeza, y su voz retumbó en mi mente de forma aún más dolorosa.
Mi cuerpo se encogió en sí mismo unos segundos y bajé la vista. Al subirla, encontré su rostro molesto, sus ojos fulminándome con una seriedad que me dijo que no podía tomarme esto a juego. Mi padre nunca jugaba.
—Solo fue una fiesta, Apa. Bebí de más y…
—Soy lo bastante mayor para saber perfectamente al ver ese video que no era solo alcohol lo que tenías encima anoche, Cameron. Y tampoco soy ciego. ¿Te viste en el espejo al despertar?
—No… no tuve tiempo porque Thomas fue a buscarme y…
El golpe de su palma contra su escritorio me interrumpió, y me estremecí sin poder evitarlo.
Escuché un suspiro, y la dama que estaba sentada en la silla frente al escritorio se levantó. Mi madre. Ah… ella era tan hermosa.
Sus ojos me dijeron que estaba tan o más furiosa que mi padre, pero incluso así era la más bella.
Se detuvo frente a mí y me miró de arriba abajo.
—Esto tiene que parar. Tienes que parar, ¿entendido?
Su voz era baja, amenazante bajo ese tono amable con el que siempre me hablaba. Pero yo había ido demasiado lejos.
Lo sabía, pero no podía detenerme.
Tragué saliva, pero fui incapaz de asentir, porque sabía que no les haría caso, porque no les había hecho caso ninguna de las otras veces.
Mi madre escrutó mi rostro con una mirada aguda que me hizo estremecerme y soltó un suspiro.
—Este niño… —masculló, volteando hacia mi padre—. Él no aprenderá por las buenas.
Papá, aún de pie tras su escritorio, tamborileó sus dedos sobre la tabla.
Solo éramos los tres en su oficina. Bueno, además de Thomas y Donovan, que se hacían los desentendidos desde la entrada, pero…
De pronto, alguien llamó a la puerta y Donovan abrió. Tras escuchar algo, anunció:
—Señor, él está aquí.
No sabía por qué, pero oír esas palabras me dejó tieso en mi sitio, como si mis pies hubieran sido enterrados, y esa sensación se regó por todo mi cuerpo.
—Qué…
—Hazlo pasar —dijo mi padre con firmeza, una que aún rezumaba molestia, y tragué entero.
Él se movió desde detrás del escritorio y se paró junto a mi madre, ambos con la vista puesta en la puerta.
El madero se abrió y escuché pasos. Eran pasos fuertes, duros, perfectos en tiempo, muy… militares.
Maldición. ¡Maldición!
Alcé la cara y miré a mis padres con un gesto suplicante que no sabía que había puesto, pero ellos no me prestaban atención. No. Ellos tenían la vista puesta en el recién llegado.
Y yo ya sabía quién era.
—Mayor Maier-Daft, buenos días —saludó mi padre—. Es un placer volver a verlo. Felicidades por su promoción.
Sentí que se me hundía el estómago, y el dolor de cabeza creció de forma exponencial, haciéndome sudar frío y temblar un poco.
¿Mayor? ¿Cuándo había ascendido a Mayor? Maldición… ¿cuándo siquiera pasó de Capitán y no lo supe?
Qué demonios. Por qué ellos…
—Majestades, el placer es mío. Muchas gracias.
Su voz llegó desde atrás, ¡su voz, joder!, y continuó:
—Mayor Colin Maier-Daft presentándose al servicio de Su Majestad. Estoy a sus órdenes.
Apreté los labios y miré con vacilación a mis padres.
Papá ni me veía, pero mamá lo hizo por unos segundos, y detecté en sus ojos… ¿era lástima? ¡¿Mi propia madre me veía con lástima?!
Eso me dejó en blanco, lo que hizo que las siguientes palabras de mi padre me golpearan con una brutalidad que no pude soportar.
—Mayor Maier-Daft, a partir de hoy será designado para la protección del heredero al trono de Hiraeth, Cameron Arthur Kuir. Como su superior, le ordeno que utilice todos los métodos que considere necesarios para mantener bajo control a este rebelde revoltoso. No necesita pedirme permiso, y tenga presente que solo yo puedo darle órdenes, ¿entendido?
Se hizo el silencio por unos segundos, y sentí como si un montón de pianos me cayeran encima.
¿Por qué mi padre haría algo así? ¿Por qué me hacía esto?
—Entendido, señor. Cumpliré sus órdenes tal como lo ha pedido.
Esas palabras se convirtieron en el prefacio de mi tumba.
Dios… ¿Por qué a mí?
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N/A: Bienvenido/a a esta nueva historia, esta vez del primer hijo de Vik y Gia, de la novela "La asistente del Rey", que encuentras completa en mi perfil ♥ Gracias por darle la oportunidad a esta historia, y espero que la disfrutes de principio a fin :)
COLIN¿Por qué estaba dispuesto a dar mi vida por alguien más? ¿Acaso eso era sano?Quién sabe… pero era la realidad.¿En qué momento pensé que era acertado dar mi vida por alguien como Cameron? Desde el principio. No había lugar a dudas.El sentimiento era más profundo que cualquier otra cosa, más fuerte que mi razón, y me gobernaba por completo.No me importaba morir si eso me aseguraba que él estaría a salvo.Por eso lo que hizo fue tan… espantoso.Mientras perdía el aire, mientras sentía cómo me debilitaba por lo que fuera que hubiera en el aire, cómo se me iba cerrando la garganta, cómo sus brazos se esforzaban por desmayarme… fue horrible.El momento en mi vida en el que podía cristalizar uno de mis pilares, y se me fue entre los dedos.En medio de esos pensamientos, de pronto sentí como si algo me jalara, y me encontré con la realidad.Abrí los ojos pesadamente, y sentí que cada fibra del cuerpo me dolía, casi como si tuviera mil piquetes de abeja por todas partes. Me sentía ca
CAMERONEsto no era como en las películas, donde las puertas se cerraban a la velocidad una tortuga, dándole a los protagonistas tiempo de ser dramáticos. ¡No! ¡Y una mierda, ¿por qué no podían ser así?!Las malditas puertas se cerraron en un parpadeo, dejando incluso a Jason, uno de mis escoltas, fuera.Dentro quedamos Colin y yo, además del director, que pegó el grito en el cielo, sin entender qué pasaba, otro escolta y algunos empleados.Al segundo siguiente escuché un estruendo, el sonido característico de un disparo, y el otro escolta cayó al suelo, con sangre saliendo de su pecho.Me tensé.El director chilló, más que asustado, en tanto Colin me apretó la muñeca, luego me soltó y se sacó algo de la parte de atrás, a la altura de la cintura. Era una pistola.Lo miré con apremio.—Tienes que defenderte. Sabes bien cómo usarla.Asentí, tragándome mi ansiedad, y respiré hondo para centrarme.No podía ser un estorbo, no ahora, no por cómo se planteaba la situación.Colin me dio dos c
CAMERONUnos días más tarde, tras ser entrevistados por la policía, y con la búsqueda de Gerolt aún en la palestra, papá nos envió a Colin y a mí a un evento de una de las fundaciones en las que mamá solía colaborar, una que atendía a los niños con enfermedades raras, destinando mucho de su presupuesto a la investigación y manutención para las familias que no podían costear los tratamientos.Dicha fundación estaba recibiendo una nueva partida de financiación de parte de nuestra familia, no con dinero público; de hecho, nosotros no cobrábamos nuestros sueldos con dinero público. Teníamos una asignación, pero todos la destinábamos a la caridad. Mamá y papá nos dieron una asignación de su propio dinero hasta que comenzamos a trabajar. Bueno… mis hermanos no tardaron mucho en dejar de necesitar las suyas.¿Yo? Otra historia.Aunque había comenzado a cobrar mi propio dinero, de parte de la empresa familiar, sí, pero mi propio salario. Mamá y papá tenían la estricta política de no beneficia
CAMERONLa sorpresa se reflejó en los ojos de mi padre, pero asintió.—Está bien, podemos hacer eso.Entonces llevó una mano a mi cabeza mientras aún caminábamos y me revolvió el pelo.—Las piezas comenzarán a moverse, así que todo se volverá un poco más complicado. Tienes que estar atento ante cualquier imprevisto.Fruncí un poco el ceño y luego suspiré.—No creo que intenten matarme de nuevo la siguiente ves que salga —comenté—. Considerando lo que ha pasado hasta ahora, sería estratégicamente erróneo. Sin embargo, si alguien intenta algo, eso nos daría una pista.Papá no dijo nada, solo me observó, como esperando que continuara para confirmar algo que tuviera en mente.—Si alguien intenta algo en el funeral de Freddy, quiere decir que tenemos un chismoso aquí en el palacio, ¿verdad?Me contempló unos segundos, luego sonrió y asintió con la cabeza. Ambos éramos seguidos por Jason y Larry, un guardia más experimentado que cuidaba de papá.—Así es —resopló—. Ya me ha tocado pasar por
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