El guardaespaldas del Príncipe (Realeza de Hiraeth #2)
El guardaespaldas del Príncipe (Realeza de Hiraeth #2)
Por: SHI.
Prefacio: El regreso del guardaespaldas

CAMERON

«La pasada noche, el Príncipe Cameron fue captado en una discoteca de la capital bien entrada la madrugada. En las imágenes se lo puede ver en muy mal estado y…».

De repente, el televisor se puso negro, y un ruido sordo me dijo que hoy no era un buen día para ser yo. ¡Ah, maldita sea!

—¡Cameron Arthur Kuir, ¿qué demonios estás haciendo con tu vida?!

La voz de mi padre resonó con una ira contenida que podría decir que conocía muy bien, pero a la que no terminaba de acostumbrarme.

Demonios, me estaba llamando por mi nombre completo. Solo me llamaba así cuando estaba muy molesto.

Maldita sea…

Me dolía la cabeza, y su voz retumbó en mi mente de forma aún más dolorosa.

Mi cuerpo se encogió en sí mismo unos segundos y bajé la vista. Al subirla, encontré su rostro molesto, sus ojos fulminándome con una seriedad que me dijo que no podía tomarme esto a juego. Mi padre nunca jugaba.

—Solo fue una fiesta, Apa. Bebí de más y…

—Soy lo bastante mayor para saber perfectamente al ver ese video que no era solo alcohol lo que tenías encima anoche, Cameron. Y tampoco soy ciego. ¿Te viste en el espejo al despertar?

—No… no tuve tiempo porque Thomas fue a buscarme y…

El golpe de su palma contra su escritorio me interrumpió, y me estremecí sin poder evitarlo.

Escuché un suspiro, y la dama que estaba sentada en la silla frente al escritorio se levantó. Mi madre. Ah… ella era tan hermosa.

Sus ojos me dijeron que estaba tan o más furiosa que mi padre, pero incluso así era la más bella.

Se detuvo frente a mí y me miró de arriba abajo.

—Esto tiene que parar. Tienes que parar, ¿entendido?

Su voz era baja, amenazante bajo ese tono amable con el que siempre me hablaba. Pero yo había ido demasiado lejos.

Lo sabía, pero no podía detenerme.

Tragué saliva, pero fui incapaz de asentir, porque sabía que no les haría caso, porque no les había hecho caso ninguna de las otras veces.

Mi madre escrutó mi rostro con una mirada aguda que me hizo estremecerme y soltó un suspiro.

—Este niño… —masculló, volteando hacia mi padre—. Él no aprenderá por las buenas.

Papá, aún de pie tras su escritorio, tamborileó sus dedos sobre la tabla.

Solo éramos los tres en su oficina. Bueno, además de Thomas y Donovan, que se hacían los desentendidos desde la entrada, pero…

De pronto, alguien llamó a la puerta y Donovan abrió. Tras escuchar algo, anunció:

—Señor, él está aquí.

No sabía por qué, pero oír esas palabras me dejó tieso en mi sitio, como si mis pies hubieran sido enterrados, y esa sensación se regó por todo mi cuerpo.

—Qué…

—Hazlo pasar —dijo mi padre con firmeza, una que aún rezumaba molestia, y tragué entero.

Él se movió desde detrás del escritorio y se paró junto a mi madre, ambos con la vista puesta en la puerta.

El madero se abrió y escuché pasos. Eran pasos fuertes, duros, perfectos en tiempo, muy… militares.

Maldición. ¡Maldición!

Alcé la cara y miré a mis padres con un gesto suplicante que no sabía que había puesto, pero ellos no me prestaban atención. No. Ellos tenían la vista puesta en el recién llegado.

Y yo ya sabía quién era.

—Mayor Maier-Daft, buenos días —saludó mi padre—. Es un placer volver a verlo. Felicidades por su promoción.

Sentí que se me hundía el estómago, y el dolor de cabeza creció de forma exponencial, haciéndome sudar frío y temblar un poco.

¿Mayor? ¿Cuándo había ascendido a Mayor? Maldición… ¿cuándo siquiera pasó de Capitán y no lo supe?

Qué demonios. Por qué ellos…

—Majestades, el placer es mío. Muchas gracias.

Su voz llegó desde atrás, ¡su voz, joder!, y continuó:

—Mayor Colin Maier-Daft presentándose al servicio de Su Majestad. Estoy a sus órdenes.

Apreté los labios y miré con vacilación a mis padres.

Papá ni me veía, pero mamá lo hizo por unos segundos, y detecté en sus ojos… ¿era lástima? ¡¿Mi propia madre me veía con lástima?!

Eso me dejó en blanco, lo que hizo que las siguientes palabras de mi padre me golpearan con una brutalidad que no pude soportar.

—Mayor Maier-Daft, a partir de hoy será designado para la protección del heredero al trono de Hiraeth, Cameron Arthur Kuir. Como su superior, le ordeno que utilice todos los métodos que considere necesarios para mantener bajo control a este rebelde revoltoso. No necesita pedirme permiso, y tenga presente que solo yo puedo darle órdenes, ¿entendido?

Se hizo el silencio por unos segundos, y sentí como si un montón de pianos me cayeran encima.

¿Por qué mi padre haría algo así? ¿Por qué me hacía esto?

—Entendido, señor. Cumpliré sus órdenes tal como lo ha pedido.

Esas palabras se convirtieron en el prefacio de mi tumba.

Dios… ¿Por qué a mí?

•  •  •

N/A: Bienvenido/a a esta nueva historia, esta vez del primer hijo de Vik y Gia, de la novela "La asistente del Rey", que encuentras completa en mi perfil ♥ Gracias por darle la oportunidad a esta historia, y espero que la disfrutes de principio a fin :)

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