Capítulo 3: Quien manda

CAMERON

Qué humillante.

Estar ahí toda la mañana y parte de la tarde, fingiendo que no notaba que sobraba fue… humillante.

De camino a casa, no pude evitar estallar.

—¡¿Por qué hiciste eso?!

—¿Hacer qué? —preguntó Colin, con ambas manos en el volante.

—Traerme a la casa de tus padres para humillarme. ¡¿Quién te crees que eres, eh?! ¿Acaso se te olvidó quién soy?

—¿Próximo príncipe desheredado por ser demasiado idiota, Alteza? —contestó con una burla evidente en su tono, mirándome de soslayo—. ¿En eso se basa todo? ¿En que es el Príncipe? No es muy diferente de los hijos de millonarios que se creen con derecho solo porque sus padres tienen dinero.

—¡Qué demonios! —espeté antes de darme cuenta y le pegué un golpe al tablero—. ¡¿Quién demonios te crees que eres?! ¡Detén el auto! ¡Detén el auto ahora mismo, carajo!

—No. Y quédese quieto, no quiero ser responsable de matar al fracaso más grande de la Corona de los últimos veinte años.

La forma en la que dijo esas palabras me dejó tieso en mi sitio, y él siguió su camino como si nada.

Pero no estaba dispuesto a dejarlo pasar.

Apenas bajé de la camioneta y salí al patio, al verlo bajarse, no me contuve. Me le acerqué y lo agarré por la camisa, sin importarme que los del servicio o el resto de guardias me estuviera viendo.

—¡Escucha, y hazlo bien! ¡Yo soy quien manda aquí, y si te vuelves a burlar de mí, te lo haré pagar caro, ¿entendido?!

Respiraba con dificultad, con el corazón latiéndome como loco. Estaba indignado, molesto, fastidiado y muchas cosas más.

Al principio se mostró sorprendido, pero luego su expresión se ensombreció, tomó mi mano y se deshizo de mí con un agarre tan fuerte que casi me fui de lado, y tuve que retroceder.

—No. Usted no me manda, Alteza. Usted no es más que un príncipe heredero que necesita entender lo que llevar el peso de la corona significa, y también a respetar a los demás —comentó con una dureza que me dejó tieso en mi sitio, y que hizo detenerse a los curiosos—. Tiene que aprender que no es el centro del mundo, y que ser el hijo de un rey no significa nada si es una persona asquerosa que tiene el ego por los cielos —frunció el ceño, atravesándome—. Los demás no son personas que puede usar y tirar a su antojo, ¿entendido? Y no estoy a sus órdenes, sino a órdenes de Su Majestad, el Rey de este país.

Acto seguido, pasó de mí y entró al Palacio, dejándome ahí parado, tieso, más molesto que nunca y con ganas de agarrarlo por el cuello y matarlo.

¡Maldita sea, quería arrancarle el pellejo!

• •

A la hora de la cena, recibí un mensaje de Lau, mi hermana, para que fuera a comer en el comedor principal con nuestros padres.

No quería, pero sabía que esta vez no estaba en condiciones de retarlos, así que fui.

Al salir de mi cuarto no vi a Colin por ninguna parte, lo que me sacó una carcajada.

—¿No se suponía que no podía perderme de vista? ¡Vaya fraude! —espeté mientras me adentraba en los pasillos del Palacio para llegar al ala principal.

Pasé por el salón, donde había varias fotos colgadas que mostraban a toda la familia, incluida la abuela Madelaine, que falleció algunos años atrás, y la señora Laila, que aún vivía, pero que ahora estaba de vacaciones con su familia en el ocaso de su vida y volvería en unas semanas. Ella era como una abuela para mí.

Pasé de todas esas fotos con gente de todas partes, porque papá no tenía mucha familia de sangre, pero sí un montón de amigos que eran como mis tíos, y me dirigí al comedor.

Cuál fue mi sorpresa cuando, al entrar, además de ver a mis padres y a mi hermana Laurice sentados a la mesa, estaba él.

¡Colin!

—¿Qué haces aquí? —pregunté antes de poder pensar bien en mis palabras y en mi tono.

Pero no me arrepentí.

—Yo lo invité a cenar con nosotros —dijo mi padre, con una parsimonia que ocultaba a la perfección el desdén que había desarrollado hacia mí, pero que yo identificaba de lejos—. Siéntate, la comida ya viene.

Mi padre ocupaba la cabecera, en tanto mamá estaba a su derecha, y Laurice a su lado. Colin estaba sentado a la izquierda, dejando la primera silla libre, mi lugar.

Ah… esto no podía ser cierto.

Me senté a regañadientes y miré a la mesa bien arreglada, intentando organizar mis pensamientos.

—Colin, estabas hablando de tu trabajo, ¿no lo extrañas por venir aquí? Cuidar de Cameron no debe ser muy agradable —comentó mi hermana con una facilidad que me fastidió.

—¡Oye, soy tu hermano aquí!

Ella desestimó mis palabras con un movimiento de la mano.

—Vuelve a ser mi hermano mayor hermoso y hablamos. Estos días has hecho un gran desastre. ¿Tienes idea de lo mal que ha quedado la imagen de nuestra familia con esto último?

Me miró con el ceño fruncido. Ah… era igualita a papá hasta en eso. Solo se parecía físicamente a mamá, pero de resto era tan insufrible y criticona como nuestro padre.

Le reviré los ojos, sin querer meterme en nada demasiado profundo con papá presente, porque sabía que saldría mal parado, y suspiré.

—He tenido mucho trabajo los últimos años y cero vacaciones, así que veo esto como una bajada de revoluciones justa y necesaria —contestó Colin con calma.

Entonces llegó la comida, y comenzamos a comer.

—No te creas, cuidarlo no será fácil —dijo Laurice y soltó una risita—. Ha fastidiado a todos los escoltas que papá le ha asignado. Tiene una habilidad increíble para pasar de ellos.

—Hmm… puede ser. La mayoría de los escoltas tiene miedo de ser despedido si lo pone en su sitio, supongo. Yo tengo una vida más allá de esto, así que eso no me preocupa —dijo él con total despreocupación, lo que me hizo dejar mi tenedor y mirarlo con los ojos bien abiertos.

—¡Oye, ¿qué estás queriendo decir?!

Apenas volteó a verme y una sonrisa de negocios pintó sus labios.

—Lo que escucha, Alteza. Lo que dije afuera era la verdad, necesita aprender y entender que el resto del mundo no son peones a su disposición.

Fruncí el ceño y pegué un manotazo a la mesa que sorprendió a los criados de alrededor, pero antes de que pudiera decir nada, la voz de mi madre, fría y amenazadora, resonó:

—Cameron, quédate sentado y come tu comida. Te vas a indigestar, y a nosotros, si sigues con esto.

La miré, estaba muy seria, así que cerré el pico y seguí comiendo.

¿Qué le pasaba a todos? ¿Por qué parecían estar del lado de Colin en lugar del mío? ¿No se suponía que éramos familia?

—Mañana irás al evento de nuestra fundación para celebrar a los estudiantes destacados de nuestro programa de becas —habló mi padre tras un rato—. Irás en representación de la Corona, así que espero que no metas la pata. Será un buen movimiento para comenzar a limpiar tu imagen.

Lo miré y apenas asentí con la cabeza.

¿Proyectos de caridad? ¡Qué fastidio! No había nada más aburrido que asistir a un montón de eventos acartonados para convencer a la gente de que todo era miel sobre hojuelas.

Pero tenía que ir y cumplir con mi deber si quería ser rey, ¿verdad?

No podía ser tan difícil. Solo atender a una gente fastidiosa y ya. No podía echarlo a perder.

Bueno… spoiler. Lo eché a perder. Y a lo grande.

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