Mundo ficciónIniciar sesiónCAMERON
Yo tenía una escolta asignada, eran ocho guardias de la Guardia Real divididos en dos turnos que me seguían, o intentaban seguirme, a todas partes si estaba fuera del país, y una escolta más reducida si andaba por la ciudad.
Después de darme una ducha y dejar de oler a alcohol con otras cosas, salí de mi habitación.
Tras volver de la escuela militar unos años atrás, mis padres me asignaron un departamento en un ala del palacio. El lugar constaba de tres habitaciones, un salón, una especie de cocina y todo lo que necesitaba para sentir que tenía mi propio lugar.
Era genial. Ya no los tenía encima, aunque no dudaban en visitarme si las circunstancias lo exigían, y casi siempre desde entonces era para regañarme.
Al salir de mi cuarto, encontré a Colin con ropa de civil observando los derredores. Ya había acomodado sus cosas y solo esperaba.
—Vamos —dijo con calma.
¿Cómo podía estar tan calmado? Yo todavía tenía el pecho apretado, y me había pegado la cabeza de la pared del baño unas cuantas veces mientras me duchaba.
Y me veía tan… tan frío, como si yo fuera un desconocido. No, era peor. Me miraba como si yo fuera un simple conocido. Eso dolía. Dolía mucho.
Apreté los labios y lo seguí sin decir nada.
Al salir de casa caminamos hasta la cochera, y Colin tomó un auto, una camioneta que reconocí al instante. Era su vieja todoterreno.
—¿Cómo es que eso está aquí?
—El tío Don la cuidó por mí —dijo como si nada y se subió del lado del conductor.
Lo vi poner las manos en el volante mientras yo subía, y fue la primera vez desde que todo esto comenzó que sonrió.
Vaya, aún podía sonreír. Todavía sabía cómo hacerlo.
Fruncí los labios y miré al tablero por largos segundos en lo que salíamos. No me extrañó ver un auto partir tras nosotros, pues era mi escolta, y suspiré.
—¿Por qué aceptaste esto? —pregunté tras un rato, cuando ya íbamos por la gran avenida.
—Soy un soldado, se lo dije.
—Estoy seguro de que podías negarte. Papá no te obligaría a…
—Amo a este país, así que haré lo que sea necesario para protegerlo.
—¿Protegerlo de mí?
El silencio se extendió luego de eso, hasta que él habló.
—La Familia Real de Hiraeth se ha enfrentado a muchos contratiempos a lo largo de su historia, pero sin lugar a dudas uno de los periodos más oscuros es ese que se encumbra precisamente con el día de su nacimiento, Alteza. Desde que llegué aquí y tuve consciencia, me juré proteger este país a pesar de que no fuera mi país de nacimiento, y si debo proteger a la Familia Real de uno de sus propios miembros, lo haré.
En ese momento me miró.
Era tan serio, tan metido en su papel de guardia que sentí un horrible escalofrío extenderse por todo mi cuerpo.
—Deja de hablarme así, me da repelús. Soy Cameron. Cameron, ¿entiendes?
Me quedó viendo por unos segundos.
—Alteza, le sugiero que no le dé mucha importancia a eso.
—¡Colin! —estallé y lo fulminé con la mirada.
Pero él no reaccionó. Solo me miró como si nada, como si yo no hubiera hecho nada.
¿Quién era este desalmado y qué había hecho con el Colin que yo conocía y…?
Me mordí el labio inferior y chasqué con la lengua. Crucé los brazos frente al pecho y tiré la vista a la ventanilla.
Los padres de Colin no vivían muy lejos del Palacio. Su casa quedaba en una urbanización privada donde los otros amigos de papá tenían sus segundas o terceras casas, donde se quedaban cuando venían de visita o por temas de negocios. Aún éramos como una gran familia, aunque ahora lo sentía ajeno a mí.
Me sentía así desde hacía mucho.
Paró el auto en la entrada, y dio la dirección y otros datos. Al final, el vigilante lo reconoció y se pusieron a hablar un rato. El vigilante luego me reconoció a mí y se puso más formal, aunque no le di mucha importancia.
No me gustaba que la gente fuera tan ceremoniosa conmigo; es decir, solo era yo, no era un Dios ni nada parecido, ¿por qué me trataban diferente al verme?
Fruncí un poco los labios mientras Colin dirigía la camioneta por las calles hasta llegar al área indicada.
La casa de los tíos era una propiedad de tamaño medio, pero con un bonito jardín delantero. Colin se detuvo en el camino del estacionamiento y bajamos. No tardé en ver a los escoltas, quienes tomaron sus posiciones sin incomodarnos.
Subió las escaleras y tocó el timbre, en tanto yo me quedé atrás, preguntándome qué demonios hacía aquí.
Ahora que lo pensaba… ¿estarían en casa? ¿No tenían que trabajar?
Saqué mi celular para ver qué día era.
—Oh, es sábado —murmuré. Ni siquiera sabía en qué día vivía.
Entonces, la puerta se abrió, y vi a una chica rubia de ojos zafiro que brillaron de emoción apenas ver al pelirrojo.
—¡Coliiin! —chilló y enseguida se le lanzó encima.
Él la recibió con un gran abrazo, la alzó y le dio vueltas.
—¡Grace, qué bueno verte!
Ella bajó enseguida y metió la cabeza a la casa.
—¡Ava, papás, llegó Colin! —exclamó.
Enseguida oí pasos desde la parte trasera, y apareció una chica casi idéntica a Grace, que también abrazó a su hermano y le llenó la cara de besos.
Esas eran Ava y Grace, las gemelas hijas de los tíos Blake y Ryan.
Ellas no se dieron cuenta de mi presencia hasta que Ava me vio, y fue como si su emoción se enfriara.
Vaya. Me acababa de doler algo sin razón.
—Yo… quizá debería quedarme aquí —murmuré, tirando la vista a otro lado.
—No. Adentro. No puedo quitarle el ojo de encima, ¿recuerda, Alteza?
Fruncí el ceño, no me gustaba que me hablara así, pero me mordí la lengua para no meter la pata.
Sus hermanas lo empujaron dentro, y yo pasé a paso lento y cerré la puerta tras de mí.
Una vez en el interior, escuché pasos desde las escaleras, y no tardé en ver a los tíos. Solía verlos de vez en cuando en el Palacio, pero hoy estaban diferentes.
Sus ojos brillaron apenas ver a Colin, y no tardaron en acercarse y abrazarlo.
—Hijo, ha pasado mucho —dijo Blake, cuyo cabello rojo ahora estaba más anaranjado, aunque seguía un poco ondulado.
Colin lo abrazó con cariño.
—Te extrañé, pa. Pero veo que estás genial.
Blake se rio, y entonces Colin abrazó a Ryan, cuyas canas casi no se notaban por el rubio de su cabello.
—Te has vuelto más grande desde la última vez que te vimos. ¿Hasta cuándo vas a seguir ejercitando, hijo?
Colin soltó una carcajada y negó con la cabeza.
—Solo es trabajo, ya sabes. Pero ahora tengo unas raras vacaciones aquí en Hiraeth.
En ese momento el tío Blake se dio cuenta de mi presencia, y aunque vi que dudó al saber que estábamos los dos juntos, lo enmascaró al instante con una sonrisa tranquila y amena.
—Cameron, qué bueno verte. Ha pasado un tiempo —saludó.
Por alguna razón sentí vergüenza y deseos de que la tierra me tragara, pero lo controlé y les sonreí.
—Buenos días, tío Blake, tío Ryan, Grace, Ava —saludé por lo bajo.
No tenía por qué estar aquí. ¿Entonces para qué me trajo?
Metí las manos en mis bolsillos y pasé al salón cuando me lo indicaron.
—No sabíamos que vendrías tan pronto llegaras, ¿por qué no nos avisaste? —preguntó Ryan, camino de la cocina.
—No creí que pudiera venir. Acabo de llegar del aeropuerto, pero el tío Cam me dijo que viniera a verlos, así que aquí estoy.
Blake sonrió, ese tipo de sonrisa que te dice que sabe cosas que no revela, y volvió a mirarme.
—Cameron, supongo que debo agradecerte. De alguna forma eres responsable de que nuestro pequeñito vuelva a casa tras tanto tiempo. Puede que no sea por los mejores motivos, pero gracias por eso.
Esas palabras se me enterraron en el pecho, porque yo sabía que escondían mucho más.
Para empezar, fue mi culpa que se fuera en primer lugar, ¿no?
Y no pude decir nada, solo le di una sonrisa incómoda y asentí.
¿Para qué me había traído Colin aquí? ¿Para hacerme sentir incómodo?
Bueno, si era eso… lo había logrado, con creces.
Quería irme a casa. No quería estar aquí.







