CAMERON
Después de eso, Colin apenas me habló, y todo era «Alteza» por allá, «Alteza» por acá. Me estaba crispando los nervios.
¿Pero qué? ¿Por qué se molestaba? Yo no fui el que se fue por ocho años y luego volvió como si nada. ¿Acaso no podía soportar una pequeña broma? Además, tampoco debía dejar que me afectara demasiado porque, a fin de cuentas, ni siquiera podíamos estar juntos.
Si él no podía ser mi amante, perfecto. Que con su pan se lo comiera.
• •
La fiesta de cumpleaños de mi padre l