Mundo ficciónIniciar sesiónAmaya sobrevivió a lo imposible: fue usada como incubadora por un laboratorio clandestino, despojada de su hijo recién nacido y arrojada a la muerte. Cuatro años después, ha descubierto dónde está su bebé y quién lo tiene. Para recuperarlo, usurpa la identidad de una huérfana y se infiltra en la poderosa manada Alaska como la “luna” destinada de su temido Alfa, Maximiliano, el mismo hombre lobo que ordenó desechar su cuerpo. Su misión es clara: descubrir cuál de los tres hijos del alfa es su hijo para rescatarlo, destruir la manada desde adentro y vengarse del alfa que le arrebató todo Pero, mientras la guerra entre manadas se desata y el peligro avanza, Amaya empieza a encontrarse con un enemigo inesperado: la crudeza y la ternura oculta en aquello que más odia. Entre secretos, sangre y un vínculo prohibido, su corazón podría convertirse en el arma más peligrosa… o en la grieta que arruine su venganza.
Leer másLa joven se encontraba muy nerviosa, no se imaginaba que iba a sentirse de esa manera en esa situación, pero la verdad es que no podía calmar los latidos desesperados de su corazón y por lo tanto, el incremento de los nervios ya era colosal.
Sentía las palmas sudorosas y un temblor que atravesaba su fisonomía con potencia. Jamás se había sentido tan nerviosa, pero ahora experimentaba una fase completamente diferente y la razón era más que obvia.Viéndose en un aprieto económico, la muchacha de nombre Sarah había tenido que tomar una desesperada decisión: vender su virginidad a un hombre importante. Había recordado tantas historias de pequeña que su madre le contaba sobre cómo ser una chica ejemplar, honesta y buena. Ahora, estando en el despacho de aquel magnate, cada una de las palabras que su mamá le mencionó se habían ido por un caño.Pero ella ya no se encontraba junto a Sarah, desafortunadamente había perdido la vida en un accidente de tránsito años atrás, dejándola desorientada en la vida y sola en el mundo. Aún con tantos destrozos a su alrededor, Sarah era una chica fuerte y había sabido ponerse de pie y continuar remando en la vida, a pesar de que sus pilares, papá y mamá, ya no estaban junto a ella. Pero sí los llevaba en su corazón.Tragó duro.Un hombre musculoso y alto seguía al pie del umbral de la puerta de aquella oficina. Sarah casi podría asegurar que habían pasado al menos 15 minutos esperando al árabe. Este hombre, trajeado y de aspecto serio, no decía una sola palabra salvo el saludo al principio y dar uno que otro aviso.Sinceramente, la espera era una tortura y ella no tenía mucha paciencia que digamos. Además, con cada minuto que pasaba, los nervios crecían y la ansiedad iba a mil por hora.Volvió a inspeccionar la oficina en la que se encontraba, que en su totalidad dominaba la oscuridad y ese fanatismo o gusto desmesurado por el arte.Un entorno bastante artístico y masculino que gritaba a los cuatro vientos dominio, poder y más poder.Se aclaró la garganta y revisó su móvil. Tenía mensajes de texto de su tediosa compañera de piso. Aunque era una chica bastante cuerda, a decir verdad.Maritza: Oye Isa, ¿otra vez se te olvidó pasar por la ropa limpia? Ahora tendré que ir yo por ella, entonces llegaré tarde a mi clase.Maritza siempre hacía eso y ella le pidió el favor la noche anterior de pasar por la ropa lavada, pero se había olvidado completamente de eso, por estar tan metida en el asunto de la venta. Ya no había nada qué hacer. Ni modo que se fuera de ahí, no podía hacer eso, estaría echando a la borda mucho dinero, y eso nunca. Resopló y texteó rápidamente una respuesta, y por supuesto, se disculpó con ella.Sarah: Lo siento mucho, es que tuve que salir temprano, luego hablamos. ¡Discúlpame!—Por favor, déjanos a solas —se escuchó la voz de un tercero, tan poderosa y profunda que Sarah casi deja caer el teléfono al suelo, pero afortunadamente pudo sostenerse en la realidad.No sabía si realmente debía ponerse de pie, de todos modos, decidió hacerlo y ya se encontraba frente a ese hombre tan imponente, apuesto y terriblemente sensual que la examinaba con sus enigmáticos ojos verdes. Ahora creía en la perfección; era extremadamente hermoso y eso no ayudaba en nada. Al contrario, todo se complicaba para su sistema, dejándole una sensación diferente clavada en el pecho y un corazón loco que arremetía con fuerza contra su caja torácica.Sensación así no había experimentado jamás, y ahora que se encontraba en aquella circunstancia, no sabía controlarse enteramente ante la ola de emociones que aplastaba su cuerpo. A pesar de todo, supo poner su mejor sonrisa y hacer como si nada hubiera pasado, aunque no todo era perfecto, pues aquel hombre estaba al corriente de lo que podría causar en las personas y ella era demasiado predecible para él.Casi muere en ese preciso instante cuando el árabe deslizó una sonrisa. Pero supo no desfallecer y solo contenerse, incluso reprimió un suspiro.—Hasan Al-Saeed —se presentó, volviendo a hechizar a la muchacha con su tono grave y hondo de voz. Le había tendido la mano esperando que ella la estrechara.Así sucedió.—Hola, no se me ha olvidado tu nombre, y ya sabes que soy Sarah.Dando por sentado, sonriendo también pero jamás igualando el mismo efecto que tenía Hasan en ella.—Sí, así es. Sé que es Sarah. ¿Cómo podría olvidarlo? Estaba muy ebria esa noche y no dejaba de repetirlo.Admitía que en el fondo de su ser, sentía vergüenza por haber estado así en el club nocturno. Pero ya lo hecho, hecho estaba y no podía contra eso. Además, si no hubiera sido así, no lo habría conocido.La verdad es que fue una noche bastante rara, tomando en cuenta que, tras beber demasiado, ya no podía ni con su alma y luego, al intentar alguien hacerle daño, apareció en la escena Hasan para salvarla. Sabía que esos tipos malintencionados podían haberle hecho algo realmente malo pero nada de eso pasó gracias al hombre que ahora tenía enfrente.Recordó que despertó en una habitación de hotel, pero no una cualquiera. Se trataba de una suite importante, que ella claramente no podría pagar. Así que, además de sentirme terriblemente mal por la tremenda resaca, el terror de que debía pagar la estancia allí la mató.Afortunadamente, el susto desapareció cuando se encontró sobre la mesita de noche una nota doblada."Algo en ti me ha llamado la atención, veámonos otra vez, Sarah".Y al pie de la nota se encontraba un número telefónico. Así es como aceptó ir y verse con el tipo que recordó de inmediato, ya que la había rescatado de aquel momento incómodo.Hablaron un rato en aquel restaurante, mientras llegaron a la conclusión de que él le daba la solución a todos sus problemas si le daba un hijo.—Sarah —agitó una mano frente a ella, rápidamente volvió al presente y lo miró.Nunca me había llegado a imaginar que las cosas hubieran salido tan terriblemente mal. De verdad pensé que Franco había logrado hacer algo con los vampiros, pero mientras me arrastraban por los túneles con los ojos vendados y las manos cubiertas, supe que el pobre muchacho no había logrado hacer nada.No entendía para qué me vendaban y tampoco para qué me amarraban; incluso en mi forma humana podía romper las cuerdas que ataban mis manos, y mi sentido de orientación era tan bueno que casi pude memorizar los dobleces de los pasillos por los que me guiaban para correr hacia el exterior. Podía escuchar cómo arrastraban también a Santiago detrás de mí. — ¿Qué es lo que está pasando? — les pregunté — . ¿Dónde está Franco? ¿Qué le hicieron?Era lo que me preocupaba, porque si me estaban tratando a mí así, a la luna del aquelarre vecino, ni siquiera creía imaginarme qué es lo que habían hecho con el pobre muchacho.Me dejaron en una enorme habitación; podía percibir que era grande porque p
Yo hubiera preferido ir sola, pero sabía también que para Maximiliano no iba a ser para nada cómodo el quedarse en la manada intranquilo por mi bienestar.Sabíamos que algo había pasado con Franco; su desaparición se debía a algo en especial, a que algo había pasado y no podíamos quedarnos sin hacer nada. Sí, yo sí debía ir, pero yo no quería presentarme con demasiados lobos; no quería que el aquelarre llegase a pensar que aquello era una amenaza. Se suponía que era una visita más bien diplomática. Así que entre menos, mejor.Por eso no me sorprendió cuando Maximiliano apareció a esas horas de la noche con el joven Santiago. Sí, habían pasado por la enorme casa de la hacienda donde vivía el Alfa, porque Maximiliano necesitaba asegurarse que estuvieran a salvo y no sabía cómo reaccionaría la gente del pueblo al embarazo de Lara. — Yo voy a ir con usted, mi luna — me dijo el muchacho con muchísima seguridad.Yo le agradecí. — Quiero que la cuides y la protejas. Recuerda que es tu lun
Franco escuchó aquel veredicto con horror. Pudo ver incluso cómo Francisco abrió los ojos, desesperado. — ¿Estás diciendo que vas a matarlos también? — gritó el transformista — ¡Ellos no tienen nada que ver! Ellos solamente vinieron a pedir ayuda. ¡Déjalos ir! ¿Cómo vas a matar a una niña?Isabel se abrazó a sí misma en la silla. — ¿Una niña? — preguntó el hombre. Se veía que era un poco viejo para el cargo. Franco no sabía cómo envejecían los vampiros; según los pocos rumores que tenían los humanos antes de enterarse de la realidad, los vampiros eran inmortales, pero no existía criatura sobre la Tierra que fuera completamente inmortal. Ellos envejecían, pero no sabía el lobo si envejecían de forma normal. A lo mejor tenían resistencia; lo único que sabía era que el vampiro se veía bastante anciano y un poco débil, casi sin energías. Comenzó a bajar del trono; la corona se resbalaba de su cabeza — . ¿La niña? — preguntó con sarcasmo — . ¿Te refieres a la criatura que está frente
Juicio en la MontañaEra algo que Franco había intentado solamente una vez en su vida, y no había sido capaz de controlarlo. Una vez dejaba escapar la fuerza de su lobo interno, algo dentro de él explotaba como una fuerza incontrolable que hacía que su lobo emergiera por completo. Pero tenía que intentarlo.En esa oportunidad, sus dedos comenzaron a cambiar, las garras emergieron. Tenía que tener una fuerza de voluntad incontrolable para poder someter a su lobo interno y que la transformación no sucediera por completo. Su garra emergió únicamente del codo para abajo, y justo antes de sentir que podía llegar a transformarse por completo, levantó la mano para golpear los barrotes de la celda y romperlos. Era la única forma de poder escapar de ahí sin que lo apuñalaran las púas que estaban pegadas a las paredes y el techo.Pero antes de poder romperlas, Francisco lo detuvo. — ¡Detente! — le gritó el vampiro, poniéndose de pie mientras levantaba las manos en el aire — . ¿Qué pasa?Franc
Cuando Franco despertó, no estaba en una habitación como la primera vez que había despertado dentro del aquelarre; esta vez despertó en una celda estrecha.Lo primero que hizo fue intentar buscar su lobo, y lo encontró; podía transformarse si quería, pero cuando levantó la cabeza pudo ver que la celda tenía enormes púas que lo atravesarían en el instante en el que se transformara. — Ni siquiera lo intentes — le dijo una voz.Cuando volteó a mirar hacia la derecha, se encontró al transformista en la celda de al lado. Sus ojos parecían brillar en la oscuridad, pero pudo ver dentro de ellos una enorme rabia que lo invadía. — ¿Qué es lo que está pasando? — preguntó Franco.Había intentado pelear cuando sometieron a Francisco en la entrada de la montaña, pero le habían lanzado nuevamente un dardo que lo había dejado inconsciente. — ¿Dónde está Isabel? — No lo sé, pero creo que la niña está bien. La llevaron a un lugar especial, probablemente esté en el salón principal donde están mis
El peso de la lunaExtendí mi conciencia completa hacia mi hijo y pude percibir el miedo que lo invadió en ese momento. — Cálmate — le pedí — Por favor, cálmate.Pero su lobo comenzó a temblar copiosamente. Parecía que estaba entrando en pánico. Entonces Maximiliano llegó conmigo; Nicolás seguía inconsciente en el suelo por el golpe que El Alfa le había dado, y se avalanzó sobre su hijo, apoyándole las manos en la cadera para que se sentara, y así lo obedeció.entré a la conciencia colectiva que compartimos ambos.— Vamos, tranquilízate — le pedía Maximiliano — . Te prometo que vas a poder hacerlo. Concéntrate en esa energía, intenta hacer la pequeña llama en tu pecho.Pero la desesperación crecía dentro de Axel. No era capaz, no podía hacerlo. Sabía que él sí podía transformarse nuevamente en humano, que ya lo habíamos comprobado el día que aquella rey cuervo nos había secuestrado; él había regresado a su forma humana. Pero no entendía cómo, no entendía cómo había sucedido.Ahora,
Último capítulo