207. El Perdón y el Horizonte.
Una vez la Rey Cuervo dijo aquellas palabras, el muro frente a nosotros comenzó a temblar. No se derrumbó; más bien, como si comenzara a abrirse una puerta, comenzó a fundirse, creando una corriente de agua que pasó por nuestros pies empapándonos. El muro era demasiado ancho, pero al menos lo suficientemente ancho para que todos pasáramos al mismo tiempo.
Cuando atravesamos el hielo, el frío nos invadió. Me solté del agarre de Franco para abrazar con fuerza a Maximiliano, que extendió su concie