FIN. Un Nuevo horizonte.
No había entendido el nerviosismo que le había entrado a Maximiliano. Me parecía un poco gracioso, de hecho, porque yo era una mujer loba, una de raza superior, y mi hija también sería de segunda generación. Sería fuerte al nacer y yo sería fuerte para soportar el parto, a pesar de que la enorme contracción que me atravesó me hizo doblar en dos. Pero Maximiliano estaba demasiado asustado y no entendía por qué.
Ni siquiera tuvimos tiempo de llegar a la hacienda. Las mujeres más experimentadas de