9. La luna bajo sospecha.
Por suerte el almuerzo salió a la perfección. La manada había tenido una reunión con miembros más fuertes y quise creer que no tenía nada que ver con el lobo que había aparecido con intenciones asesinas, pero estaba completamente segura de que sí tenía que ver con ello. De todas formas, ya teníamos todo preparado y solamente estábamos esperando a que los miembros de la manada comenzaran a llegar para servir el almuerzo.
Una de las cocineras, la que era más joven — tal vez en sus treinta — , con una sonrisa en los labios:
— Entonces vas a contarnos — dijo con un gesto tierno.
— ¿Qué les voy a contar?
— Pues vas a contarnos cómo conociste a nuestro Alfa. Ha de ser una historia muy romántica, ¿no es así? Si las diosas luna te tenían destinada para él…
— Sí, claro — dije.
Pero lo cierto era que no. No tenían ni idea de cómo abordar esa situación.
— Yo trabajaba en una cafetería del pueblo — comencé a contarles; al menos sería media verdad — . Maximiliano fue a vender unos caballo