2. La luna falsa.
Regresar al pueblo fue tardado, de no ser por un hombre en un auto destartalado y viejo que me recogió a la mitad del camino, hubiese tardado toda la noche en regresar.Sabía ahora dónde estaba mi hijo, tenía la certeza después de cuatro largos años y no iba a desaprovechar la oportunidad. «Es una huérfana de la ciudad, una desconocida, nadie la conoce ni sabe quién es» eso le había dicho el hombre a dueño de Alaska, al que se había robado a mi bebé, ese era mi boleto de entrada.Cuando llegué al pueblo corrí a la pequeña casita que alquilaba, tomé todos mis ahorros, que no eran pocos, y corrí de regreso a la estación del tren, era la única ruta para llegar al pueblo, sí o sí, la mujer debía llegar por ahí, y comenzaba a despuntar el sol del amanecer cuando el tren arribó a la estación.Me quedé en una esquina, observando. A esas horas de la mañana muy pocas personas llegaban al pueblo, y la reconocí de inmediato, era bajita y delgada, con el cabello oscuro y mirada perdida. La abord
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