211. El Comienzo.
Se arrodilló ante mí y yo ni siquiera entendí por qué el Alfa de la manada estaría nervioso. Enfrentó guerras y batallas, frente a los peones que custodiaban el laberinto, se enfrentó con su propio hermano y en una pelea de muerte, y estaba ahí con la voz temblorosa mientras, arrodillado frente a mí, extendía el anillo.
— ¿Serías mi Luna? ¿Mi Luna de verdad? Y esta vez para siempre.
Yo me arrodillé a su lado mientras le daba un beso en los labios.
— Siempre he sido tu Luna. Creo que desde el