7. La llegada de la luna.
Maximiliano, me observó desde arriba con la frialdad de sus ojos puesta en mí.
Puede sentir una extraña mescla de emociones, pero sobre todo rabia era lo que más me invadía. Como pretendía hacerme eso después de todo el daño que me había hecho, aunque él no lo sabía, era obvio que no me reconocía del momento en el que me había visto sobre aquella camilla y me había mandado a la basura. Aún podía escuchar su voz diciendo aquello, llevándose a mi hijo, desechándome como si no hubiera sido más que una bolsa plástica desechable.
Pero yo tenía que fingir que le seguía la corriente. Y aunque yo sabía que tenía que seguir fingiendo, no era capaz de continuar con esto. Así que intenté removerlo, pero sus mano se metió lentamente debajo de mi blusa. Era tan grande y tan cálida que sentí un estremecimiento.
— Detente — le pedí.
Entonces él me miró a los ojos.
— Eres mucho más linda de lo que esperaba — dijo con honestidad — . Definitivamente es una luna digna para mí, para mi manada. Tú y