7. La llegada de la luna.
Maximiliano, me observó desde arriba con la frialdad de sus ojos puesta en mí.
Puede sentir una extraña mescla de emociones, pero sobre todo rabia era lo que más me invadía. Como pretendía hacerme eso después de todo el daño que me había hecho, aunque él no lo sabía, era obvio que no me reconocía del momento en el que me había visto sobre aquella camilla y me había mandado a la basura. Aún podía escuchar su voz diciendo aquello, llevándose a mi hijo, desechándome como si no hubiera sido más qu