El salón del museo ArtScience bullía con una energía que solo el dinero ilimitado y la tecnología de vanguardia podían generar. Bajo la cúpula blanca que recordaba a una flor de loto abierta al cielo nocturno de Singapur, la élite financiera de Asia se mezclaba con los tiburones tecnológicos de Silicon Valley y los fantasmas de la vieja aristocracia europea. El aire estaba saturado de una mezcla embriagadora de jazmín caro, champán Dom Pérignon y el zumbido eléctrico de miles de dispositivos in