La explosión no fue de fuego, sino de luz y sonido. Una granada cegadora estalló en el techo de la cámara, lanzada desde un recoveco oculto. El mundo de Bianca se volvió blanco. Sus oídos pitaron con un tono de frecuencia alta que amenazaba con reventarle los tímpanos. Por puro instinto, rodó hacia su izquierda, buscando la cobertura de las estalagmitas.
Alessandro reaccionó con la velocidad de un depredador que ha vivido toda su vida en el abismo. No necesitó ver para disparar; el sonido del p