El amanecer en los Pirineos no trajo luz, sino una claridad grisácea y gélida que parecía filtrar toda esperanza del paisaje. Dentro de la cabaña "L’Abîme", el ambiente estaba cargado con el olor del café fuerte, el metal de las armas recién aceitadas y el aroma suave, casi doloroso, del champú infantil de Elena. Alessandro y Bianca se movían por el espacio con una economía de movimientos que delataba su pasado operativo; cada bota ajustada, cada cargador revisado, era un paso más hacia un abis