La preparación técnica era solo la mitad de la batalla. El resto era puramente psicológico. Bianca se miró una última vez en el espejo de cuerpo entero, ajustando el relicario de plata de su madre que ahora guardaba la llave de Saint-Jean-Cap-Ferrat. El metal frío contra su piel era un recordatorio constante de lo que estaba en juego. Se sentía pesada, no por el arma oculta en su muslo, sino por el peso de la mentira que estaban a punto de sostener en un salón lleno de los depredadores más peli