El sonido de las placas de acero sellando las ventanas de la villa retumbó como una serie de disparos de artillería pesada. Matala ya no era una mansión; era un sarcófago blindado de alta tecnología. Las luces de emergencia, de un rojo pulsante y agresivo, bañaban las paredes de mármol blanco, dándoles el aspecto de tejido vivo sangrando. Alessandro y Bianca se lanzaron hacia la gran escalera de caracol, una estructura de cristal y titanio que ascendía como una columna vertebral hacia el despac