La suite 5502 del Marina Bay Sands se había transformado en un taller de guerra envuelto en un lujo obsceno. Más allá de los ventanales, el skyline de Singapur parpadeaba como una joya eléctrica, pero dentro, el aire olía a ozono, seda nueva y el aroma metálico de las armas limpias. Sobre la cama de sábanas de algodón egipcio, no yacían planos de invasión, sino un vestido de alta costura de Elie Saab en color verde esmeralda profundo; una pieza de seda y encaje que parecía haber sido tejida con