El silencio en la suite 5502 después de que arrastraran el cuerpo inconsciente de Renzo al baño fue más asfixiante que la humedad de la selva de Palawan. Alessandro —Luca— se quedó de pie frente al ventanal, con la silueta recortada contra las luces de neón de Singapur. No se movía. Su respiración era pesada, rítmica, como la de un depredador que acaba de descubrir que el peligro no estaba fuera, sino dentro de su propia guarida.
Maya —Bianca— permanecía en el centro de la habitación, con la ba