—¿Es que ya te cansaste de vivir? —gritó Kylie, quien se había estado conteniendo por mucho tiempo y finalmente estalló.
Lucía la miró fríamente antes de intentar cerrar la puerta del trastero, pero su madre irrumpió furiosa. —¿Tenés los oídos rotos? ¿No me oís? —¿Qué querés? —La voz de Lucía salió áspera; incluso esa corta frase le desgarró la garganta inflamada por la fiebre.
Kylie entrecerró los ojos, analizando el aspecto demacrado de su hija. —¿Qué te pasa?
Lucía no respondió. Su mirada era